27.8.03

A rayas

El destino reservaba para César un futuro a rayas. Cuando supo del fútbol por primera vez, Arconada guardaba con celo los palos de la selección y había convertido a la Real en el equipo de los niños de media España. En el pueblo de César, Mondragón, no había más colores que el azul y el blanco ni más banda sonora que el txuri urdin.

Acabó la liga, y adivinen quién la ganó. La madre de César salió de compras y, en un doble ejercicio de practicidad y orgullo, compró para su hijo el traje de los campeones. Las rayas azules y blancas no sólo eran un modo más que digno de apañar al niño en verano sino que, por el mismo precio, permitían al padre de la criatura verse reflejado en aquel López Ufarte de cinco años.

Pero el destino intervino y puso objeciones. Al hacer el equipaje para las vacaciones, en un pueblo de Salamanca, la madre de César se olvidó del traje. Tan inexplicable como cierto, la zamarra no salió de Guipozcoa, así que se acercaron a otro pueblo y buscaron una tienda de ropa. Dieron con una boutique en la que se exhibían tres camisetas, ninguna de ellas de la Real. Ya era mala suerte que la provincia de Salamanca, según parecía, fuera una de las pocas que se mostraban impermeables al hechizo bigotudo de Satrústegui y Zamora . La madre de César, asesorada por su experiencia al frente de las tareas domésticas, descartó vestir a su hijo de madridista, condición poco compatible con el trajín del crío y sus amigos: no quería estar lavando la camiseta un día sí y otro también. Creyendo que el frotar se iba a acabar, se decantó por la del Barça, pero a César aquellos colores no le terminaban de casar bien. Dijo que no, y extendió su manita hacia la tercera camiseta. Una camiseta a rayas.

Hoy, cuando muchos atléticos se esfuerzan en explicar lo inexplicable de ser colchonero, César deja por unas milésimas de segundo de identificarse con ellos. Él sí sabe por qué es del Atleti, aunque. el destino no sea precisamente un pretexto mucho más racional. Otro enigma es qué sucedió con aquella primera camiseta. Se me olvidó preguntárselo, pero sospecho que ha pasado cerca de dos décadas durmiendo en el cajón de algún armario, esperando que la despertaran. Seguro que César tenía pensado ponérsela en la última jornada de liga, y que por eso ha perdido veinte kilos en los últimos meses. Lástima de régimen.