Era un continuo exabrupto. Insultaba a todo el mundo, se le pusiera o no por delante, Se cagaba en la prensa y en la fiscalía, Hizo del Atlético su mejor empresa de marketing y del Ayuntamiento de Marbella su coto privado a costa de negarle la democracia.
Pese a todo, no soy capaz de expresar lo mucho que vamos a echar de menos a Jesús Gil.
18.5.04
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