5.5.04

Que se lo hubieran dicho a Kuffour

El fútbol concede segundas oportunidades. El Bayern, ferozmente abatido en Barcelona con una crueldad como no se recuerda (por el Manchester, por Sheringham y Solskjaer, pero sobre todo porque aquella noche no era la suya), obtuvo su desagravio dos años más tarde, también sufriendo, en una tanda de penaltis. Su rival aquella noche, el Valencia, había padecido un mal similar. Su derrota un año antes ante el Madrid había sido igualmente dolorosa, sin el ensañamiento de los goles en el descuento, pero reforzada por la sensación de que aquel tranvía preferiría recorrer otras ciudades antes de volver a poner sus ojos en la Malvarrosa. Y no fue así. Conclusión: el fútbol concede segundas oportunidades, sí, aunque no sirva para dejar satisfecho a todo el mundo.

El Depor ha demostrado que no entiende de barreras; que, optimista y tenaz, puede levantarse de un KO para retar de nuevo al destino y superarse. Me quedo con el momento poético de Liaño en la Ser, con su clásica atonía melancólica, más procedente anoche que nunca: “Aquellas lágrimas derramadas tras el penalty de Djukic sirveron para regar la semilla que trajo luego los éxitos del Depor”. Éxitos que han sido muchos y sonados: una liga y dos copas en medio de la oligarquía española, para empezar, y un buen ramillete de disgustos en las casas más distinguidas de la aristocracia europea. Múnich, Milán, Turín, Manchester y Londres, además de Madrid y Barcelona, saben quién es el Deportivo, dónde está La Coruña, y cómo las gastan por allí.

Con este historial, y puestos a creer en la benevolencia del dios del fútbol, que a quien reniega de Sant Denis le envía para congraciarse a San Siro, no debemos creer que la oportunidad de ayer no pueda volver a presentarse. Me consta, eso sí, que no es el mejor momento para proclamarlo, con las heridas aún sangrando. Que se lo hubieran dicho a Kuffour mientras se hartaba a sembrar de puñetazos el césped del Camp Nou en aquella final inolvidable del 99.