La carrera presidencial del Madrid enfila su recta final. Sin conejos ni chisteras. Resulta sintomático que, cuatro años después del bombazo de Figo, Lorenzo Sanz se haya ido a Lisboa para negociar por Maniche.
De Arturo Baldasano sabemos poco. Sólo que está plenamente seguro de que va a ganar, y lo repite con la misma convicción con la que otros pregonan que son Napoleón. Entre que no ha presentado proyectos ni ideas de relevancia (¿cuántas vidas harían falta para que todos los socios pasaran por el palco?) y que los medios le han dado poca bola, ni su discurso pasa de surrealista ni su concurso de testimonial. Dicen que se presenta porque el dinero le sobra (lo sospechábamos) y este año no le toca comprarse un Ferrari.
Se asegura también que Lorenzo Sanz sólo decidió presentarse a las elecciones tras asegurarse, en conversaciones con Javier Díez Polanco, la neutralidad del Grupo Prisa en la campaña. Otros incluso aseguran que no tiene esperanzas de ganar, que trata sólo de lavar su maltrecha imagen con un documento, la ya célebre Memoria del Club, que pone en duda los méritos de Florentino y le deja a él en mejor lugar. Por lo demás, su campaña es muy pobre. Como la de 2000, en la que se limitó a dejarse fotografiar aferrado a sus dos Copas de Europa. Sólo faltó que el eslogan fuera: “Mi tesooooro...”. Esta vez Sanz se ha limitado a impugnar el voto por correo. Intenta arrojar dudas, que la gente crea que es voto comprado, pero sus acusaciones tienen escaso fundamento y sus formas resultan chabacanas. Como estrategia es lamentable y, como lavado de imagen, un fracaso. Cuanto más se agita el recuerdo de su mandato, más intenso es el olor a rancio.
Así que Florentino, cuya gestión reluce más a medida que los otros candidatos abren la boca, va a ganar las elecciones con la gorra. Como se suponía al inicio, y no digamos en febrero. Ni siquiera hará peligrar su victoria el dineral que quiere gastarse en ponerle techo al estadio. Un lujo estético e innecesario, de esos que tanto cabrean a los periodistas de Barcelona (como si tuvieran que pagarlo ellos): 30 millones de euros en decoración y orgullo.
Extractos del debate Sanz-Pérez: As – Cadena Ser
6.7.04
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