La galaxia brilla cada vez menos. A decir verdad, hace mucho que no nos
deslumbra más que con destellos fugaces. Ayer, como casi siempre, el
fogonazo lo trajo Ronaldo. No sé si la relación entre el Madrid y el brasileño es
de simbiosis o de parasitismo, pero comienza a bordear la drogodependencia.
Cuesta recordar el último partido meritorio del Madrid, más propenso que nunca a enseñar sus virtudes con cuentagotas. A su viejo vicio de jugar andando añade un desapego por el balón inédito hasta la fecha. Nadie sabe qué hacer con él, nadie piensa. No hay lucidez y cada jugada se transforma en un jeroglífico al que nadie sabe cómo meter mano. Sólo Ronaldo asoma reconocible en medio de la apatía.
Con la eliminatoria de Copa frente al Valencia llega el primer termómetro
serio de la temporada. Podremos despejar dudas y saber si el Madrid de este
año se administra más que en años anteriores. O si, simplemente, es que no funciona.
19.1.04
17.1.04
Delirios de grandeza
Grinbank se ha cansado de perder dinero. Parafraseando al corralito, podríamos decir: puso dólares, y quería dólares. No tiene mucho sentido criticarle. Su Lega Juniors no era más que una inversión; con sus antecedentes, podía haberle dado por montar un musical en la Gran Vía, que es lo que se lleva ahora, pero eligió el fútbol. La afición se encontró de pronto con que la camiseta de su equipo la vestían once desconocidos que no habían hecho curriculum jugando en Móstoles y Fuenlabrada, que posiblemente aún no se habían enterado de dónde quedaba Getafe. Al construir la plantilla, Grinbank levantó un muro. Confió demasiado en la colonia argentina de Madrid, para la que los once de rayas tampoco resultaban mucho más conocidos.
Aunque se diga a toro pasado, la aventura de Grinbank estaba condenada al fracaso. ¿La aventura? Quise decir la inversión. Si hubiese sido una aventura, podríamos estar alabando su carácter intrépido. Pero se trata de una inversión, una de esas decisiones que se supone que hay que estudiar minuciosamente. Así que sólo me queda pensar que a Grinbank, como a tantos otros, le pudieron sus delirios de grandeza.
Aunque se diga a toro pasado, la aventura de Grinbank estaba condenada al fracaso. ¿La aventura? Quise decir la inversión. Si hubiese sido una aventura, podríamos estar alabando su carácter intrépido. Pero se trata de una inversión, una de esas decisiones que se supone que hay que estudiar minuciosamente. Así que sólo me queda pensar que a Grinbank, como a tantos otros, le pudieron sus delirios de grandeza.
7.1.04
2 x 1
Primero, Laporta supervisa el entrenamiento como un capataz y acusa a la plantilla (esa losa heredada por la junta de la regeneración) de falta de mentalidad ganadora y de compromiso. Y ahora, Rijkaart anuncia mano dura con los jugadores que salgan de copas. En tiempos de rebajas, doble ración de demagogia para una parroquia que, hasta el momento, se ha dejado engañar gustosa.
5.1.04
Reir las gracias
Hoy, en un intento patético de hacer un chiste, escribe Emilio Pérez de Rozas (en letra impresa en El Periódico, algo que los tímpanos agradecen) que el sábado Ronaldo cumplió seis partidos sin marcar, cuando en realidad, de haberlo hecho, habría sido el sexto partido consecutivo marcando. Pero mola mucho más llamar gordo a Ronaldo que leer una estadística, especialmente si la depresión invita a más de uno a reir las gracias. Por patéticas que sean.
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