25.2.04

Del árbol caído

Se había puesto 14 inyecciones para suavizar los músculos, pero se desplomó como si fuera de madera. Como un saco de patatas. Él, capaz de encararse con cualquier defensa que se coloque mal en un córner, tiró a la basura el trabajo de todos sus compañeros y le dio la vida a un pésimo Madrid que sólo mereció irse derrotado. Pero Casillas, mangas cortas en medio de la nieve, detuvo la avalancha.

Como en la final del 99 en Barcelona, Kahn hubiera preferido no tener que levantarse nunca. Con la cara plantada en el césped del Olímpico, las cámaras aguardaban que se pusiera de pie. Puro morbo. Todos queríamos verle la cara, ansiosos de saber cómo se conjugan en un mismo rostro la frustración, la rabia y el orgullo irrenunciable de todo soberbio. Y Kahn es un soberbio mayúsculo, así que... ¿cómo resistirse a hacer leña del árbol caído? Porque, a fin de cuentas, así cayó Kahn. Como cae un árbol.

24.2.04

Cerveza y caldo

Era octubre, pero en Múnich ya se rozaban los cero grados. Se rozaban los cero grados, pero los bávaros se sentaban a beber en las terrazas de los bares del centro. Es la misma zona peatonal en la que los aficionados del Bayern (que no significa otra cosa que Baviera) se juntan para asistir al milagro de ver sonreir a Oliver Kahn; algo que sólo sucede si hay un trofeo que alzar desde el balcón. En época de vacas flacas, Kahn sigue siendo Kahn y los seguidores del Bayern deben conformarse con mirar un triste carrillón medieval.

Hoy el mercurio marcará, eso aventuran, los cinco grados bajo cero. Ronaldo, también lo han dicho, se tapará la calva con un gorro. Los madridistas, ha trascendido, se untarán una crema para que los pies no se les queden como sorbetes. Y el Bayern, mientras, se frota las manos de gusto, recostado tan ancho en su terraza, esperando que el camarero les traiga otra jarra de cerveza helada mientras su rival también se frota las manos, pero de frío, y pide un caldito reparador. El de Múnich, ciertamente, es un frío galáctico. Pero, a poco que prevalezca, el talento derretirá la nieve. Y en el centro de Múnich, los próximos meses, todas las miradas se concentrarán en el carrillón.

20.2.04

Casi humanos

Somos crueles con los árbitros. No tenemos compasión, no comprendemos lo difícil que es su trabajo: unas décimas de segundo debe bastarles para ver, sin errar, lo que nosotros, con la ayuda de veinte cámaras, no acabamos de tener claro a veces hasta el telediario del lunes. Tópico, pero cierto. Son humanos y tienen derecho a equivocarse. Esto lo sabemos todos, entonces... ¿por qué no somos más indulgentes con ellos?

Porque son una cabeza de turco bien jugosa, eso en primer lugar. Pero también porque ellos, que son humanos y tienen derecho a equivocarse, nunca se equivocan. Tristante Oliva se siente linchado, pero a estas alturas no ha salido a reconocer su error. Los árbitros se sienten maltratados, pero nunca reconocen públicamente sus errores, con lo poco les costaría. En lugar de eso, han decidido reinterpretar el reglamento. A ver si al final resulta que no son tan humanos como presumíamos.

16.2.04

Sembrando cochinillos

El victimismo rampante de lágrima fácil y memoria selectiva (prodigiosa unas veces, fragilísima otras) es capaz de crear curiosas imágenes a partir de la esquizofrenia. Si vivimos en Valencia o Barcelona, es posible que creamos que la prensa madrileña es una única y enorme empresa, con sede en un mismo edificio de oficinas, cuyos mandamases se reúnen con el primer café de la mañana para urdir sus malévolos planes, materializarlos bajo forma de mensajes diabólicos y diseminarlos a través de un ejército de emisoras de radio, televisiones, periódicos deportivos y de información general, todos al servicio del interés común. Un monstruo de varias cabezas que custodia la fortaleza blanca y ahuyenta a los indeseables echando fuego por la boca.

Los aficionados de estas ciudades, víctimas del victimismo, están expuestos a los cánticos de ultra que entonan muchos periodistas descaradamente alineados, cada uno desde su redacción, Tal vez éstos no se den cuenta (o quizá sí) de que están sembrando cochinillos. Cuando caigan al césped de maduros, algunos se llevarán las manos a la cabeza. Otros no. Lo justificarán aduciendo que Figo tarda horrores en sacar de esquina.

13.2.04

Justicia mutante

"Justicia para Gurpegi" es el lema surrealista con el que frecuentemente se han manifestado, solidarios y ofendidos, futbolistas y aficionados del Athletic. Eso queremos todos: justicia para Gurpegi.
Pero lo que están haciendo en Bilbao no es reclamar justicia, sino camuflar un caso flagrante de dopping; desviar la atención, inventar paupérrimas excusas, negar evidencias. Todo el alegato en defensa de Gurpegi se reduce a un hilarante informe que revela algo así como que el jugador goza de superpoderes: un ser humano (¿o mutante?) que genera nandrolona. Una fantasía aderezada, eso sí, con una dosis mayúscula de victimismo. Una dosis de caballo que reventaría las probetas de cualquier laboratorio.
Todos queremos justicia para Gurpegi. Y, desde que se comprobó su culpa, cada partido que juega es una injusticia para 19 equipos.

12.2.04

Otro médico a palos

El doctor Alfaro es imprevisible: lo mismo te enyesa ambas rodillas que te cura la tos a coces o te somete, el primer día de consulta, a un tacto rectal. Invariablemente, cada vez que sale del quirófano, por su bata blanca le chorrean pedacitos de vísceras, y un hilillo de sangre resbala a veces desde la comisura de los labios. Hasta que se da cuenta y, gustoso, estira la lengua y arrebaña tan dulce manjar. Eso le insufla fuerzas para seguir creando nuevos pacientes, cada vez más amorfos y tullidos.

9.2.04

Mediático no hay más que uno

Desde el pasado verano, manejamos el término "mediático" con la misma soltura con la que decimos que el Madrid acabó jugándole al Málaga con cinco "zidanes" y cinco "pavones". La senda la abrió Ronaldinho, que inauguró (al menos, de forma explícita) una categoría que, además de las cualidades del futbolista, valora su capacidad de generar repercusión más allá del terreno de juego. Hace sólo unas semanas, cuando se desató un debate en torno a Davids, la cuestión no era tanto si su contratación (perdón, cesión) era acertada como si se trataba o no del segundo fichaje "mediático".
Anoche Ronaldinho, el primero de los mediáticos supo al fin (21 jornadas ha necesitado) canalizar su tremenda habilidad para darle a su equipo tres puntos. Un gol bello y oportuno que, además, tiene el valor añadido de situar al Barça en su onírica cuarta plaza. Los telediarios hoy han sido suyos, y no de Martí, que consiguió un gol que poco tiene que envidiarle. Reclamar para Martí el mismo protagonismo que para Ronaldinho tiene, no obstante, un punto demagógico. Por muy crudo que suene, Martí juega en el Sevilla, y el Sevilla no es mediático. La cámara superlenta rara vez tendrá ojos para él. La pregunta que me hago es otra: ¿Se hubiera producido idéntica avalancha de repeticiones si el padre de la criatura hubiera sido Kluivert? ¿O Cocu? ¿O Davids? Ni pensarlo. En el Barça, mediático no hay más que uno.