30.9.04

Capitán Valencia



Se ha hablado mucho de la nueva camiseta del Athletic. Si la vendieran en Springfield no tendríamos la menor duda: una horterada como un templo. Pero como la ha diseñado un artista con ínfulas y tal, tenemos que tragarnos nuestra frívola opinión, asumir nuestra ignorancia y rendirnos ante la trascendencia de conceptos como “arte” y “ruptura”.

Se ha hablado mucho, insisto, de la camiseta del Athletic. Pero, ¿por qué nadie ha llamado la atención sobre ese paródico disfraz de superhéroe con el que jugó anoche en Bremen el Valencia? Si el Capitán América repartía justicia infinita a mayor gloria de las barras y estrellas, el Valencia ha decidido competir en Europa envuelto en la bandera regional. Puede dar gracias de haber perdido solamente 2-1. Todos recordamos que el Depor cayó 8-3 en Mónaco la misma noche en que estrenó (y enterró, claro) aquella horrenda camiseta naranja. La del Valencia se merecía un marcador aún más abultado. ¡Qué espanto!

28.9.04

El termómetro de Robinson

Antes de que Osasuna cayera a segunda división mediados los 90, comentaba Michael Robinson que su antiguo equipo era el termómetro más preciso para tomar el pulso (o la temperatura, mejor dicho) al fútbol español. Si los navarros terminaban el año en mitad de la tabla, eso quería decir que el campeonato había transcurrido sin grandes noticias. Si rondaba el descenso, significaba que había nivel. Y si se codeaba con los primeros y se clasificaba para Europa, decía Robinson que lo mejor era que España llegara a un acuerdo con Portugal para fusionarse y crear la Liga Ibérica.

Llego a la conclusión de que Osasuna es a la Liga lo que Paco Mancebo a la Vuelta. En sus inicios, maillot blanco en el tour incluido, nos fue presentado como un buen contrarrelojista. Luego, tras las escandalosas minutadas que le caían en las cronos, se nos vendió que a él lo que le iba mejor era la montaña. Ahora, por fin, hemos salido de dudas. Ya sabemos qué es Paco Mancebo: un termómetro. El termómetro que nos indica que la Vuelta sigue de capa caída. Que se ha resuelto con emoción, sí, pero con diferencias menores de las que se registran en la Bicicleta Vasca o la Vuelta a Burgos. Que no interesa a casi nadie. Que su repercusión internacional es nula (los 25 primeros de la general son 23 españoles y dos italianos). Felicidades a Mancebo, tan tenaz él, siempre retorcido sobre su bici. Sin duda se lo merece. Pero a este paso tendremos que negociar con Portugal para organizar una fabulosa Vuelta Ibérica.

21.9.04

Camacho, ¿honrado o cobarde?

¿Honrado o cobarde? El madridismo está dividido en torno a Camacho. Para unos su dimisión denota humildad (se reconoce incapaz de reconducir la situación) y honradez (se va sin cobrar un duro). Para otros es síntoma de irresponsabilidad (cuando firmó ya sabía lo que había) y de cobardía (huye presa del vértigo y deja un panorama poco esperanzador). Los primeros sostienen que ha dimitido por madridista. Los segundos, que le ha hecho un flaco favor al club.

Tras una temporada que resultó aciaga por una combinación letal de excesos y defectos, se contrató a Camacho para “poner orden”, como pedía la grada. Fue una decisión más política que deportiva. Y hasta hace tres días, muchos aficionados repetían incrédulos, entre bostezos: “Aún no se nota la mano de Camacho”. Así, como si se tratara de la mano de Dios o, al menos, de mano de santo. Pensaban que había llegado al banquillo el hombre medicina, y que traía un remedio infalible que todo lo abarcaba: la actitud, la motivación, el fútbol y, especialmente, la disciplina. Acabamos de comprobar lo equivocados que estaban.

¿Qué porcentaje de culpa tiene la desmotivación de los jugadores en el mal juego del Madrid? ¿Cuánto hay de baja forma? ¿En qué medida se debe el naufragio a la ausencia de un mediocentro? Demasiados ingredientes amargos para un mismo cóctel. Camacho se ha confesado incapaz de endulzar la mezcla, justo la misión que le fue confiada. ¿Es cobarde por rendirse tan pronto? ¿Es honrado por echarse a un lado y dejar su puesto a otro que pueda hacerlo mejor? Creo que ambas opiniones son perfectamente lógicas y razonables.

En su breve empeño, Camacho ha chocado con los pesos pesados de la plantilla. Esos que parecen ingobernables. Los mismos con los que, según él, cuesta trabajar porque “cada uno lleva una multinacional detrás”. Por encima de todo, su dimisión es una rotunda victoria para el núcleo duro del vestuario. Por ejemplo para Roberto Carlos, más díscolo que nunca (más incluso que cuando le tocaba renovar). Le echó un pulso en la prensa y lo ha ganado. Camacho ha entregado su cabeza en bandeja a las vacas sagradas y, antes de disecarla y colgarla junto a la chimenea, la Galaxia piensa pasearla Castellana abajo, para que sirva de público escarnio. Han demostrado que ellos son los que hacen y deshacen. García Remón ya sabe a qué atenerse, y el Bernabeu ya puede quedarse afónico gritando esta noche.

PD- Cada loco con su tema. Leyendo hoy los periódicos nos damos cuenta de que, una vez más, los columnistas más aviesos no han desaprovechado un tema tan jugoso como éste. La mecánica es muy sencilla: basta elegir un titular llamativo en el que aparezca la palabra clave (en este caso, Camacho). El lector, atraído, presta su atención. Y entonces se lanza la cuña de rigor. Jiménez Losantos, por ejemplo, habla del 11M y del 14M, de Aznar y ZP, de Polanco y García Ferreras. El Periódico se acuerda del pelotazo de la Ciudad Deportiva y asegura que el Madrid es una “selección mundial de figuras cimentada en el visto bueno del PP”. Claro que, para echar unas risas, “el golpe del 18-S que derrocó a Camacho”, obra de El Semanal Digital Productions, “una calculada y perfecta operación que contó con el visto bueno de Zidane, Ronaldo y Figo, y que teledirigió en todo momento Roberto Carlos”. Merece la pena leerlo, ¿o acaso ya sabían ustedes que el Madrid no fue inferior al Leverkusen, sino que se dejó ganar? Todo un monumento al rumor, en los límites de la calumnia.

13.9.04

Pizzonia y la mala suerte

No sigo asiduamente los informativos de Telecinco. De hecho, apenas veo nada que proceda de ese canal putrefacto que intenta -con gran éxito de público- hacer pasar por vanguardia la basura más atroz e infame. El pasado viernes, en cambio, me tropecé con el comienzo del informativo de Angels Barceló y decidí quedarme, al menos, hasta ver los titulares. Comenzaban, recuerdo, con la polémica de los libros de texto: los descuentos, la gratuidad, el gobierno, los editores... Bien. Luego, dos o tres noticias más, no recuerdo cuáles. Supongo que alguna sobre Irak, claro. Lo que sí recuerdo es que la cuarta o la quinta, esa noticia de deportes que siempre se cuela entre los titulares del día, era ni más ni menos que la siguiente: el piloto brasileño Antonio Pizzonia había roto los frenos de su fórmula 1 en Monza, durante la primera sesión de entrenamientos. Dios, qué forma de hacer el ridículo. Y no lo digo precisamente por Pizzonia.

Saldrá ahora alguna voz de la conciencia que me dirá aquello de: “Es que Telecinco ha pagado mucho dinero por la Fórmula 1 y tiene que amortizarlo”. Vale. Y ahora pregunto yo: ¿Alguien podría precisarme la cantidad exacta de dinero que Telecinco amortizó el viernes colocando entre las cinco principales noticias del día que Pizzonia se había quedado sin frenos? Me sirve la cifra en euros o en cualquier otra divisa, por favor.

También produce dentera el forofismo que invade (en Telecinco y en el resto de medios) los comentarios en torno a Fernando Alonso. Ayer se salió del circuito y sólo se habla de “mala suerte”. Si a un piloto se le rompe el motor, supongo que sí, que es mala suerte. Si le embiste otro piloto -el amigo Ralph Schumacher, pongamos por caso-, supongo que eso también es mala suerte. Si se le rompen los frenos, como a Pizzonia, es mala suerte (y la noticia del día, claro). Pero cuando un piloto se sale del circuito, como ayer Alonso, porque ha torcido el volante cuando no debe, eso no es mala suerte. Eso es cometer un error. Y no pasa nada por decirlo.