Batalla definitiva en la «Guerra del Fútbol»

Jaume Roures (Mediapro) le ha ganado la última batalla a Cebrián (Prisa)/ EFE

Jaume Roures (Mediapro) le ha ganado la última batalla a Cebrián (Prisa)/ EFE

Jaume Roures está de enhorabuena pues Mediapro el conglomerado que preside y cuyo buque insignia es Gol Televisión, ha ganado la última batalla en lo que mediáticamente se llamó la «Guerra del Fútbol». En su eterno conflicto con Prisa (que inicialmente fue con Audio Visual Sport y Sogecable, filiales por entonces de Prisa que hoy se aglutinan en Prisa TV) por un incumplimiento de contrato, que sirvió para que el aficionado viera gratuitamente casi todos los partidos en la extinta Hogar 10 durante la 06/07, la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo ha dado un punto a  favor a Mediparo casi definitivo.

Este comité, con unanimidad de sus cinco magistrados, ha estimado el recurso de casación interpuesto por la compañía de Jaume Roures para dejar sin efecto una sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid de noviembre de 2012 que daba la razón a Prisa y obligaba a Mediapro a abonar la cantidad de 105 millones de euros a la compañía de Juan Luis Cebrián. De esta manera, esta nueva resolución sólo obliga a Mediapro a pagar 32 millones de euros, una cantidad que corresponde a las liquidaciones pendientes de la temporada 2006-2007 cuando se originó este conflicto, y que supone un claro alivio para el grupo catalán que por el momento garantiza su subsistencia.

Y si por un lado supone un suspiro de alivio, por el otro supone un quebradero de cabeza, ya que Prisa vive una gran crisis en todos los niveles (institucional y económica) y esa cantidad hubiera supuesto un soplo de aire fresco para su maltrecha situación. Pero no queda ahí la cosa, porque Roures promete una batalla final que puede ser decisiva. Tanto es así, que el empresario catalán ha anunciado que va a interponer dos querellas a Prisa por los daños y perjuicios ocasionados, aseverando que «la Guerra del Fútbol ha acabado, pero el remate a Prisa acaba de empezar».

La primera de estas dos querellas se basará en exigir el pago de los 50 millones de euros que Prisa provisionó en un juzgado en 2010 fruto de la concesión de medidas cautelares para que Mediapro no pudiese entrar a los campos de fútbol con sus equipos durante más de medio año. Mientras que la segunda tiene que ver con los daños globales en las cuentas de Mediapro, que debido a su magnitud ocasionó el concurso de acreedores de la empresa catalana en junio de 2010.

Prisa TV, ahora mismo se resiste a morir, gracias a la gran cantidad de medios tantos técnicos como humanos (con grandes profesionales en su haber) que aún conserva. Pero el perder el año que viene  uno de sus mayores atractivos como la UEFA Champions League unido a la inabarcable deuda que tiene su matriz (algo que afecta a la hora de invertir en contenidos) hace que su competitividad ante los otros operadores sufra un progresivo deterioro. Y si a esto le sumas la pérdida de dos terceras partes de lo que se esperaba cobrar del litigio con Mediapro, unido a que si el grupo fundado por los Polanco pierde esas querellas interpuestas por Roures y compañía, sumaría un montante económico de pérdidas que puede llegar a ser inadmisible.

Y para complicar las cosas aún más a Prisa está el ‘fáctor Movistar’. El gigante de la telecomunicación española se ha metido de lleno en el mundo audiovisual y ha entrado con fuerzas con series americanas de éxito exclusivas  y con derechos deportivos de nivel, como los de motociclismo o de los encuentros de clasificación para la Eurocopa de 2016. Y para seguir creciendo, Movistar quiere para sí mismo los derechos deportivos que aún aglutina Prisa, una Prisa que, recordemos, Movistar tiene en propiedad en un 56%. Por lo que llegado el momento dado (o mejor dicho, el punto fatídico), ¿le dará Mediapro y Movistar la puntilla definitiva a Prisa para tener un competidor menos? El tiempo dirá

Nacho Mateo

Periodista, hice mis primeros pinitos en la prensa deportiva local y luego soñé con emprender. Curioso por naturaleza, también soy productor audiovisual. Cada uno se marca su propia frontera