De Laurentiis, o como hacer del Nápoles una película

Aurelio De Laurentiis, el mandamás del Nápoles/ Felice De Martino

Aurelio De Laurentiis, el mandamás del Nápoles/ Felice De Martino

Productor y distribuidor cinematográfico reconocido en el panorama italiano y de manera más tenue en Hollywood, premiado en varias ocasiones por su labor cultural y dueño de la cadena de multicines más importante de Italia, ese es Aurelio De Laurentiis. El poder que ostenta Aurelio surgió  en la edad dorada del cine transalpino, entre las décadas de los 40 y los 70, gracias al trabajo de su padre Luigi y, especialmente de su tío, el afamado Dino De Laurentiis (cuya fama se acrecentó al desposarse con la actriz Silvana Mangano).

Aurelio catapultó el éxito cosechado por sus familiares con sentido emprendedor y capitalista. Se convirtió en millonario fruto de genio, creatividad y visión de negocios. Y cuando en ese aspecto tocó la cúspide, quiso invertir en el fútbol. Así en 2004, Aurelio adquirió en una subasta a un Nápoles en bancarrota que acababa de descender por impagos a la Serie C1 (como la Segunda B española). Revitalizó el club a su imagen (la de que el éxito radica en el buen hacer), acabó con los vínculos mafiosos del pasado e hizo olvidar la asociación nostálgica del club con Maradona.

Una persona que tiene agallas de realizar una película de Steampunk con actores reconocidos como Angelina Jolie, Jude Law, Gwyneth Paltrow y Giovanni Ribisi (para quien no conozca a este último, es el hermano de Phoebe en Friends) como Sky Captain (que lógicamente sería un fiasco en taquilla) no se le van ‘a caer los anillos’ para imponer su voluntad en un club de fútbol.

Con una voluntad de hierro colocó a la escuadra napolitana en la Serie A en tan solo tres años siempre mostrando que para lograr sus objetivos hay tener una determinación agresiva y luchadora tal como demuestra el siguiente Tweet:

 

La máxima de Aurelio De Laurentiis reza así: “la crítica es siempre la mejor manera de mejorar la actuación de todos. Fui educado en democracia y libertad de expresión”. Tal vez por eso Roberto Donadoni sólo duró de entrenador del Nápoles ocho meses. Le faltaba un interior izquierdo, decía el exseleccionador italiano para justificarse de sus fracasos. Entonces, De Laurentiis sugirió: “¿por qué no lo compra entonces? Haría algo bueno para el club” (entiéndase que De Laurentiis se refería que Donadoni pusiera de su propio bolsillo para su ansiado fichaje).

Ni siquiera un experto en lides de banquillo como Edoardo Reja sobrevivió al carácter del ‘bueno’ de Aurelio. Ya Walter Mazzarri y  Rafa Benítez tuvieron un poco de consideración por parte del productor cinematográfico algo que les facilitó el tener en sus plantillas el talento suficiente para disputar competiciones europeas.

Así arribaron estrellas que van desde Marek Hamsik a Gonzalo Higuaín, pasando por Cavani, Callejón o Lavezzi. Este último, com un problema, “un deportista no debe salir a beber alcóhol y frecuentar clubes de alterne, apuntilló Aurelio De Laurentiis, culto de la personalidad parténope.

“Dirigir un club es como hacer una película cada domingo: nunca sabes cómo acaba”

De Laurentiis es consciente de la realidad del fútbol italiano. “Contra Berlusconi y los Agnelli no hay nada que hacer”, dijo una vez, es por eso que no sueña con ganar el Scudetto. Anti Platini y anti Blatter, es de los mayores opositores a las políticas y formas de actuar de los órganos del fútbol mundial y europeo (como se puede ver en el siguiente vídeo).

Pero, en Nápoles es él que escribe el guión y produce el éxito del club como si fuera una película. Un ejemplo de su dominio, es el lograr que el alcalde napolitano acepte los planos de expansión del estadio de San Paolo, al amenazarle que de no llegar a un acuerdo coge el equipo y se lo lleva… ¡Inglaterra!. Así es el Nápoles, otra producción cinematográfica de De Laurentiis

Nacho Mateo

Periodista, hice mis primeros pinitos en la prensa deportiva local y luego soñé con emprender. Curioso por naturaleza, también soy productor audiovisual. Cada uno se marca su propia frontera