Donsah, un barco a Lampedusa que terminó en la Serie A

La aventura de Donsah en la Serie A fue gracias a un barco a Lampedua/ Getty Images

La aventura de Donsah en la Serie A fue gracias a un barco a Lampedusa/ Getty Images

Godfred Donsah aún no es una figura especialmente conocida del ‘Planeta fútbol’ pero poco a poco su nombre está comenzando a ser subrayado en las agendas de los grandes conocedores del balompié. El representante del jugador ghanés asegura que clubes como Arsenal, Manchester City o Liverpool ya mostraron interés y la prensa transalpina lo ha relacionado recientemente con la Juventus.

La historia de este futbolista de 18 años ha estado marcado por el peligroso viaje de su padre, que sobrevivió a la travesía en barco hasta la isla Lampedusa, un trayecto que últimamente ha convertido al Mar Mediterráneo en un cementerio.

Fue en 2007 cuando Twaku Tachi, padre de Godfred, deja Ghana para aventurarse en un tortuoso camino rumbo a Italia. Por aquel entonces el progenitor del jugador del Cagliari trabajaba en una plantación de cocos (algo que también haría el propio Godfred), una dedicación que daba poco futuro para su familia.

Así que Twaku Tachi dejó Accra y puso rumbo a Trípoli, la capital de Libia, iniciando su travesía rumbo a Europa. Como en muchos otros casos, que lamentablemente acaban en naufragio, un barco botado por traficantes de personas es el medio de la esperanza europea y la isla de Lampedusa surge como puerta de entrada.

«Mi padre se embarcó en un barco que tan siquiera era tal, más bien un cayuco. Italia para nosotros era un sueño a perseguir, él tenía la idea de conseguir un empleo para darnos un futuro mejor, quería que mis hermanas estudiaran», reveló Donsah en una entrevista a Sky Italia.

El viaje terminó sin sobresaltos para Twaku, inmigrante ilegal en suelo transalpino, pasó los siguientes años trabajando en la recolecta de tomates en la región de Campania. Por aquel entonces Godfred Donsah cambiará el fútbol descalzo en las calles de Accra por la formación balompédica de la Academia del DC United Agogo. El dinero que su padre enviaba desde Italia daba otra forma de vida a su familia.

Twaku Tachi se muda al norte a la bucólica ciudad de Como, donde pasa a trabajar en un almacén, y consigue una prueba para su hijo en un certamen local. Godfred llega en avión e impresiona en su prueba, llamando la atención de Sean Sogliano, ojeador del Palermo. Sogliano invitó al joven Donsah a integrarse en las categorías inferiores del club siciliano pero entonces llegaron las dificultades.

El joven Godfred contaba con quince años y demostraba tanto potencial que llegó a entrenar con el primer equipo sorprendiendo hasta el mismísimo Miccoli que no se creía que fuera un adolescente.  Es entonces cuando la autoridades italianas descubrieron que Godfred Donsah no tenía la documentación necesaria para permanecer en el país mediterráneo. Era inmigrante ilegal, así como su padre y ambos serían deportados.

Afortunadamente, Sean Sogliano estaba encandilado con el talento del joven y no descansaría hasta verlo de nuevo en el fútbol italiano. Meses más tarde, con la situación regularizada, Godfred y Twaku regresaron. Ya para siempre.

A la vuelta de padre e hijo, Sogliano había pasado a formar parte del Hellas Verona y ese sería el destino del talentoso futbolista ghanés. Allí Godfred Donsah se impone rápidamente en el equipo Primavera y hace su estreno en la Serie A con sólo diecisiete años. Algo que fue suficiente para convencer a Zdenek Zeman, que hizo todo para que recalara en su Cagliari el pasado verano.

Esta temporada que acaba de terminar ha sido la de su ‘confirmación’. Con 21 partidos y dos goles en la élite del fútbol italiano, Godfred llamó la atención de los grandes clubes europeas. Algo que comenzó en un viaje en barco de su padre rumbo a Lampedusa, donde tantas vidas inocentes se apagan por el sueño de un futuro mejor.

Nacho Mateo

Periodista, hice mis primeros pinitos en la prensa deportiva local y luego soñé con emprender. Curioso por naturaleza, también soy productor audiovisual. Cada uno se marca su propia frontera