Sebastián Abreu, loco aún a los 38

Sebastián Abreu, un trotamundos del fútbol/ OC

Sebastián Abreu, un trotamundos del fútbol/ OC

Excelente delantero centro, goleador dondequiera que haya una meta, campeón en el equipo y país que sea alrededor del mundo, dueño de una gran personalidad dentro y fuera de la cancha. Esos son los elementos más importantes que definen a este inmenso personaje del fútbol internacional llamado Washington Sebastián Abreu Gallo, o para el mundillo de la pelota Sebastián Abreu. A sus 38 años, “el Loco” demuestra en cada jugada y cada gol que su historia se ha convertido en una leyenda, aunque todavía le quedan muchas energías en su bien cuidado físico. Pero atrás de esos 38 años de puro balompié viene una riquísima trayectoria…

Nacido el 17 de octubre de 1976 en la localidad de Minas (departamento de Lavalleja, Uruguay), el espigado atacante comenzó a patear una pelota en las divisiones infantiles del club Plaza Rivera de su Minas natal y, mas´tarde, en un humilde club familiar de fútbol siete llamado Filarmónica, donde lo entrenaban Raúl Iribarne Márquez y su tío Rubén Abreu. Pero fue en 1987 cuando integró por primera vez un conjunto de fútbol once, el Nacional de su localidad. Y en 1992, con 16 años aún por cumplir, debutó en ese equipo ante Olimpia de Minas, marcó su primer gol contra Las Delicias y formó parte del combinado Sub 17 del departamento de Lavalleja.

Sin embargo, su primer gran cita futbolística se dio a comienzos de 1993, cuando el entrenador de la selección uruguaya para menores de diecisiete años, Rudy Rodríguez, lo convocó para el Campeonato Sudamericano de Colombia, clasificatorio para el Mundial de la FIFA en Japón. Aquel enero y febrero del 93, Sebastián integraba el banquillo de una celeste que prometía con compañeros como Federico Magallanes (de larga experiencia en España e Italia), el muy buen guardameta Ignacio Bordad, el hábil Claudio ‘Ruso’ Olivera o el defensa central Martín Rivas. Era una época pródiga del fútbol juvenil uruguayo, con apariciones como Alvaro Recoba o Antonio Pacheco entre otros, pero  en esa cita a Uruguay no le fue bien, pues perdió  1-0 con Paraguay, goleó  3-0 a Chile, volvió a caer  contra Brasil (1-2) y en la última, aunque vapuleó por seis a cero a Bolivia, quedó al margen de la ronda final por diferencia de goles con los chilenos. Precisamente en ese 6-0, Abreu jugó sus únicos 45 minutos ingresando en el segundo tiempo y marcando dos goles. Fue tal el fastidio que, en declaraciones recogidas por la revista argentina Sólo Fútbol, el delantero se desquitó a gusto: “Con Argentina y Brasil no pasa nada, siempre “arrugan” (no ponen garra) en las instancias finales… La verdad, antes de jugar en esos países, prefiero romperme una pierna”. Fue un desliz de un adolescente que igual continuó esa incipiente carrera en buena forma.

Tanto fue así que al año siguiente, Defensor Sporting, Nacional, Danubio y Peñarol (todos de Montevideo) quisieron tenerlo en su cantera. Finalmente fue Defensor quien logró su fichaje y se convirtió en el club de su debut. Con sólo 17 años y 9 meses, un año en la quinta división formativa y medio en cuarta, arrancó en Primera en julio de 1994, en un Torneo Apertura de la que se proclamaría campeón. Y en noviembre, integró el equipo que le peleó a Peñarol el título uruguayo absoluto en tres finales en el estadio Centenario, que Peñarol definió en la tercera ganando 2-1. En tan poco tiempo, Abreu pasó de su Minas natal a pelear títulos en Montevideo.  Y su gran momento en el violeta lo extendió a Sudamérica, ya que en 1996 jugó la Copa Libertadores anotando seis tantos para su club, que fue eliminado en octavos de final por Universidad de Chile en los penaltis. Como si fuera poco, en julio de ese gran 96 vistió por primera vez la camiseta celeste de Uruguay, en un amistoso en Beijing ante China que terminó 1-1, con Héctor Núñez como técnico, entrando en la segunda etapa por Juan González. Sus cualidades y su prometedora hoja de servicios lo llevaron el mismo 1996 al exterior por primera vez, ya que San Lorenzo de Argentina lo contrató para el Torneo Apertura.

En medio de grandes como el meta Passet, Eduardo Tuzzio, el brasileño Paulo Silas o Claudio Biaggio, el veinteañero Abreu jugó algunos encuentros para ‘el Ciclón’, donde permaneció hasta 1998. Tras San Lorenzo pasó por primera vez al balompié europeo, en este caso al Deportivo de La Coruña. Pero allí empezó a encadenar cambios de destino: ese mismo 98 jugó para Gremio de Brasil siete partidos donde anotó un gol. Y en 1999 comenzó su larga aventura en México, en los ‘Tecos’ de la Universidad Autónoma de Guadalajara, donde demostró su potencial convirtiendo nada menos que 34 goles en 52 partidos. Con los Tecolotes participó hasta 2000, año en que regresó a San Lorenzo para, en junio de 2001, lograr con sus goles un histórico Torneo Clausura, donde el club azulgrana conducido por Manuel Pellegrini batió el récord de victorias seguidas con trece.

Otra gran historia apareció en la vida del ‘Loco’ ese 2001. Tras ese gran título, fue fichado por Nacional de Montevideo, su gran amor en su país, y en el que jugó hasta en cuatro períodos diferentes, siempre por menos dinero del que exigía su cotización internacional y en algún caso sin cobrar. El primer período ya fue exitoso, porque de la mano del exfutbolista Hugo De León, marcó 17 goles en 18 partidos (uno al archirrival Peñarol para ganar el clásico) siendo máximo artillero de su equipo, que así venció en las finales a Danubio y logró el Campeonato de Primera División. Por supuesto ya era parte de la selección absoluta que a durísimas penas se clasificó al Mundial de Corea y Japón tras el repechaje con Australia (0-1 y 3-0). Y mientras seguía haciendo goles en Nacional, fue convocado por Víctor Púa para la vuelta de la celeste a la Copa del Mundo; aquel junio de 2002, Abreu jugó los tres encuentros de la primera fase ante Dinamarca (1-2, reemplazado por Richard Morales a los 88´), Francia (0-0) y el histórico 3-3 con Senegal tras ir 0-3 abajo, donde fue sustituido por Diego Forlán a los 46 minutos. Uruguay contaba con jugadores como, Forlán, Paolo Montero, Darío Rodríguez, ‘el Chino’ Recoba, Magallanes y Darío Silva, pero se quedó tristemente afuera cuando Richard Morales falló un gol en el último minuto del tiempo adicional en el cruce ante Senegal. La espina se la sacó en Cruz Azul, su segundo equipo en México, donde siguió moviendo las redes contrarias: 46 veces en 52 encuentros.

En 2003 arrancó su segunda etapa en el Nacional, donde no pudo con su genio. Entrenado por Daniel Carreño, Abreu superó disputas administrativas con su pase, jugó ocho partidos, marcó igual cantidad de goles, no se olvidó de convertirle a Peñarol (dos tantos) y conquistó el Torneo Apertura. Al final de éste, pasó al América de México en el que hizo tres tantos en dieciséis encuentros. En 2004 volvió a La Coruña con otra corta etapa y ese mismo año, a Nacional para en 2005 volver a obtener el campeonato absoluto. Después, otra vez a cambiar de aires: de su Uruguay nuevamente a México, donde en dos años participó en cuatro clubes diferentes: Dorados de Sinaloa (2005- 06, 34 partidos y 22 goles), Monterrey (2006, 18 y 8), San Luis de Potosí (2006- 07, 14 y 5) y los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León (2007, 15 y 7). Aquel 2007 retornó a la selección para disputar la Copa América de Venezuela, donde Uruguay terminó cuarto y él jugó cuatro encuentros y anotó dos goles.

El 'Loco' hizo goles para la Real Sociedad/ Justy

El ‘Loco’ hizo goles para la Real Sociedad/ Justy

La llegada de 2008, supuso su llegada a un nuevo e importante club: River Plate de Argentina. Abreu fue fichado por el club millonario por 18 meses y la gloria lo tocó de nuevo, ya que dirigido por el ‘Cholo’ Simeone, Abreu anotó nueve tantos y ganó el Torneo Clausura. Pero también le tocó la derrota, con la increíble eliminación ante su exequipo, el San Lorenzo, en los octavos de la Libertadores. Y de igual forma también le tocó la polémica. A raíz de que su compañero Ariel Ortega tuviera una pelea con su esposa y cometiera desmanes en estado de ebriedad, se generó una mala relación en el plantel que llevó al uruguayo a irse. «Es una baja que se va a sentir muchísimo, Abreu era fundamental para el grupo», reconoció alguien cercano a Simeone. Sebastián se fue entonces al Beitar Jerusalén de Israel, que lo había tentado con un contrato de 1.200.000 dólares por año por tres temporadas; allí jugó cinco partidos y marcó tres goles. Pero en septiembre regresó a River, con quien inicialmente firmó hasta diciembre de 2010. Claro que la mala campaña de ‘la franja roja’, con su histórico último puesto en el Apertura, lo llevó a marcharse nuevamente, ahora en enero de 2009, cuando aceptó el ofrecimiento de la Real Sociedad, en ese momento en Segunda División. Debutó en la última jornada de la primera vuelta, e hizo dieciocho goles en once encuentros pero no pudo ascender al conjunto vasco, que finalizó sexto. Así se fue a un nuevo lugar, Grecia y el Aris Salónica, en el que convirtió cinco goles en nueve partidos en los pocos meses que estuvo.

Pero su gloriosa carrera la continuó de vuelta a América del Sur, en el Botafogo de Brasil, cuando en enero de 2010 acordó jugar allí dos temporadas. Y se hizo ídolo del club de Río de Janeiro y su fervorosa ‘torcida’, ganando el Trofeo Río, la Copa Guanabara y el campeonato carioca, además de que éste fue el club donde más partidos disputó (107) y más goles marcó (63). Allí permaneció hasta 2012, no sin antes obtener nuevamente el Trofeo Río.

Pero lo mejor de 2010 en la vida de Abreu fue, es y será el Mundial de Sudáfrica, al que Uruguay accedió otra vez en repechaje ante Costa Rica, cuando el delantero marcó el gol en el 1-1 de la vuelta que lo clasificó. Tras igualar con Francia a cero y vencer a la anfitriona 3-0, a México 2-1 y a Corea del Sur 2-1, llegó el mítico 2 de julio en el imponente Soccer City Stadium de Johannesburgo y el extraordinario encuentro contra Ghana, el 1-1, la mano y expulsión de Luis Suárez, el penalti errado por Asamoah Gyan, y el gran momento de Abreu (que había ingresado por Cavani a los 76 minutos), cuando en la tanda de desempate desde el punto de penalti anotó el último al estilo Panenka, para así poner a la celeste en las semifinales tras 40 años de ausencia. Tras eso, Abreu y sus compañeros lograrían un gran cuarto puesto. La racha positiva del once de Oscar Tabárez siguió en la Copa América de Argentina en 2011, cuando la selección charrúa ganó un título que no obtenía desde 1995, y en el que ‘el Loco’ jugó un solo partido, concretamente contra México (1-0), reemplazando a Forlán a los 89 minutos.

De vuelta a los clubes, tras ganar todo con Botafogo fue cedido al modesto Figueirense, pero allí también se acordó de anotar e hizo uno en seis partidos. Pero enseguida volvió por cuarta vez a Nacional, donde fue recibido por 3.000 hinchas en el Parque Central. Y les devolvió rápidamente la confianza con su debut y gol al Barcelona ecuatoriano, en un empate 2-2 de la Copa Libertadores. Sin embargo, el entrenador no lo tuvo en sus planes y Abreu pasó a préstamo a su actual equipo, Rosario Central d, en el que comenzó en agosto de 2013 con victoria sobre Quilmes 2-0 y en el que ha hecho una gran actuación como siempre, con goles y siendo referente del “canalla”, a tal punto que ganó los tres clásicos ante Newell’s Old Boys y casi llega a disputar otra Libertadores, cuando perdió en San Juan la final de la Copa Argentina ante Huracán en los tanda de penales.

En total, Sebastián Abreu ha jugado entre 1994 y 2014 en diecinueve equipos, convirtiéndose en el tercer futbolista con más conjuntos distintos en la historia, detrás del alemán Lutz Pfannenstiel y Ricardo David Páez, el hijo del famoso exseleccionador de Venezuela, Richard Páez. Hasta noviembre de 2014 acumula entre clubes y su selección 651 partidos y 354 goles. Goleador, trotamundos del fútbol, de gran carácter y calidad humana, ‘el Loco’ Abreu continúa aún el viaje que inició de niño en aquel Plaza Rivera de su Minas querido.

Diego Yamus

Argentino. Soy periodista deportivo hace 21 años mi hábitat ha sido normalmente las ondas radiofónicas. Colaboro en La Paradinha y en el blog Sporting África. No me gusta el sensacionalismo, los rumores o la crítica destructiva. Amo el averiguar permanentemente el pasado para entender el presente y el respeto por los nombres o apellidos bien escritos.